martes, 28 de abril de 2009

Urbanismo Influenza

La Dra. Arq. Oliveros me ha sugerido que escriba unas líneas sobre como afecta una epidemia a la ciudad. Viene a mi cabeza un libro de la fallecida escritora norteamericana Susan Sontag, “La enfermedad y sus metáforas.”; dónde desarrolla la idea de que la enfermedad es una metáfora militar, estar enfermo es estar al “margen de”. Hay todo un sistema de significados detrás de una enfermedad. Miedos, prejuicios, misterios que derivan en el pánico de muchos y la calma de algunos. Foucault también desarrolla el tema de lo normal-anormal, en “La historia de la locura en la era clásica”, pero éste es otro tema y para otra ocasión. Estaría bueno, además, que de esto hable alguien que sepa de filosofía así aprendemos todo y no produzcamos interpretaciones superficiales y malversaciones que tanto gustan a los arquitectos. Por lo pronto nosotros nos sumergimos en lo que manejamos un poco más: el urbanismo y la arquitectura.
El pánico causado por lo medios de comunicación (por primera vez creo que sirvieron para algo positivo) locales y extranjeros han provocado que la gente esté mas contenida en sus hogares o tratando de desplazarse lo mínimo para lograr hacer la mayor cantidad de cosas posibles. Todas las actividades de concentración de masas en lugares públicos abiertos o cerrados están restringidas: hubo fútbol a puertas cerradas, no hay misas (solo en Guadalupe al aire libre) están suspendidas las reuniones sociales, los festejos y espectáculos. Esto es favorable para contener el contagio, como ya lo saben.
Ante la crisis, destacan las estrategias alternativas. Se evidencia la diferencia entre la gente que trabaja en su casa y la que tiene que salir de ella. La creciente cantidad de población, frecuentemente citada, que trabaja en su casa utilizando la Internet no se ve afectada directamente por la epidemia sino por el aumento de personas en su entorno domestico. La gente que trabaja en empresas privadas, fuera de su casa, debe continuar sus actividades como si el contexto estuviera congelado. Claro que ninguna institución puede lograr esto y las personas están con miedo de que alguien, por equivocación, estornude. Las juntas de trabajo se realizan con la mitad de la cara tapada por mascarillas, hay que lavarse las manos mil veces, no se puede pedir comida, entre otras cosas.
Si lo analizamos desde el fútil punto de vista estético, la ciudad está hermosa. Una maravilla. Se puede circular sin inconvenientes, hay lugar en todos lados, siempre hay mesas disponibles, no hay pelotudos gritando por placer en la calle, esta todo más limpio y menos contaminado. Un paraíso urbano. La ciudad sin la gente se ve muy bien, muy “clean”, pero no es ciudad, es un fantasma de piedra. El sector de juegos para niños de un parque, vacío, es propio de una película de Freddy Krueger.
La epidemia ha puesto de manifiesto muchos problemas y procesos que en condiciones normales preferimos soslayar. Uno de ellos es la relación entre espacio publico y privado. Una plaza sin gente, aunque extraña, sigue siendo plaza; pero un centro comercial sin gente, es un galpón que desaparece de la ciudad cuando cerramos dos puertas. Además son más riesgosos por ser espacios cerrados y auto-contenidos. Los espacios públicos y abiertos de la ciudad, en tiempos de epidemia, siguen demostrando ser los amortiguadores urbanos.
La posibilidad de contagio aumenta el miedo por el otro, uno de los principales problemas para la urbanidad mínima que implica vivir en sociedad. Si este valor estaba muy golpeado por la inseguridad e individualismo actual, la epidemia lo resalta.
El encierro que produce el pánico de la epidemia, tiene un impacto notable en la arquitectura. El tiempo de habitación en el interior aumenta y la cantidad de actividades simultaneas también. Lo que pone a prueba la eficiencia de cada vivienda ante la situación de co-habitar con un grupo humano. Quizás esto nos lleve a reflexionar que una vivienda contemporánea debiera ser algo más que una serie de dormitorios equipados, más bien, un sistema de espacios que puedan transformarse de individuales a colectivos. De cualquier manera, el encierro, engorda la arquitectura. Al extirparle su complemento y desahogo que es el espacio público y colectivo, cada construcción, tiene que interiorizar y crear un poquito de ciudad dentro de si. Esto no es sustentable ya que multiplica los costos, la utilización de energía y el consumo de territorio para llevarlo a cabo. Además crea ghettos que dividen en lugar de integrar…
Hacer frente a una epidemia, que desestabiliza las condiciones del contexto y las del entorno inmediato, nos permite ensayar respuestas alternativas y sepultar otras rutinarias. El binomio tan citado: crisis /oportunidad.
Superada esta situación, seria bueno continuar reflexionando sobre el valor que asignamos al vivir en sociedad. Lo que en arquitectura y urbanismo significa aprender a habitar espacios colectivos y a promoverlos, y al mismo tiempo, repensar el espacio individual y privado para que pueda ser flexible y eficiente. A escala urbana, ser económicos en nuestros desplazamientos por la ciudad; trabajar utilizando menos recursos, conformando redes, integrando actividades en ámbitos de difusión restringidos y compactos. Son temas de siempre, imposibles de solucionar, pero factibles y fáciles de practicar.


El Emilior

1 comentario:

  1. Ante todo un acompañamiento cibernético a los familiares de los muertos por neumonía inesperada. Maravillosa reflexión sobre la impuesta introspección y el encierro nulificador del espacio público, resultantes de la influenza porcina, ahora humana. Pienso en el lío de las familias disfuncionales encerradas con miedo y sin muchas alternativas a la pantalla paralizante. La respuesta de los capitalinos ha sido a la altura de los acontecimientos, como en los sismos del 85. En ese entonces nos tocó volcarnos a las calles a apoyar a los damnificados. En esta ocasión nos toca aislarnos para protegernos del virus. Son históricos sacudones a una megalópolis donde cohabitamos más de 20 millones de humanos vulnerables. Mi mirada se dirige además a lo global...a la pandemia y la gran espectación ante el arribo de cualquier mexicano a cualquier país del planeta. Son repercusiones locales, nacionales y transnacionales...así nos tratan los virus y nuestros deficientes sistemas de prevención e investigación científica.
    Dra. Arq. Mercedes Oliveros S.

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